Hace tiempo que tenía esta sensación. Era como un vacío. Como si algo que tuve, ya no estuviera. Como si una brisa fría me entrara por la espalda y me siguiera a donde iba. Remera tras remera, buzo tras buzo; camperas y camperas se acumulaban, e inexplicablemente seguía sintiéndome… no se…desnudo.Ayer entré a un ascensor. De esos que tienen espejos en las paredes. Me miré y ensayé unas caras boludas. Me acerqué para hurgarme el ojo y pensaba lo loco del reflejo de un espejo sobre otro, y poder verme la espalda. En ese momento entendí todo. La revelación vino acompañada de mi último escalofrío de ignorancia. Es un hecho. Estoy calvo.


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