
Unos llegan, otro van, y la rutina sigue como siempre. El altavoz anuncia la partida a Retiro desde la plataforma 21, y una pareja se abraza con dificultad por la acumulación de camperas. Ella llora sin disimulo y como de costumbre, él se hace el duro. “Es para no hacer las cosas mas difíciles”, pensaba. Los dos se miran fijo y creo que se ríen.
A los pocos metros, una señora de tapado saca un pañuelo e intenta con poco éxito aguantar el estornudo, comenzando un momento de tensión comparable con los finales de películas de Stephen King.
Silencio. La chica de rojo mira a las amigas y comenta el hecho en voz baja en el mismísimo momento en que el bigotón de corbata deja el maletín y se tapa la nariz con la bufanda. Un grupo se aleja, y la señora de tapado baja la cabeza con una mezcla de vergüenza y resignación.
Sin estar ajenos a la situación, en la plataforma 21 la historia sigue. Él se saca el barbijo. Ella también. Se dan un beso, y el altavoz repite por última vez el llamado a Retiro.
Hay cosas que la gripe no puede cambiar.










